Hablando de homeopatía

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El dolor, la otra epidemia silenciosa

Una nueva pandemia recorre el mundo.

Y lo hace de forma silenciosa, lenta pero continua. Pronto será pandemia, si no lo es ya, en la nueva definición de la OMS. Una verdadera plaga de consecuencias desastrosas para los pacientes, sus familias y la economía del país.

Y no es la Covid 19, no, (que aún lo agravará más).

Estamos hablando de la adicción a fármacos opioides para el dolor.

El dolor

El dolor es una de las emociones básicas del ser humano. Y las emociones nos definen. Es lo más propiamente humano, para bien y para mal. Nadie quiere el dolor. Y eso es lo que se nos prometen una y otra vez, sobre todo en occidente, desde que la razón ha tomado la preeminencia sobre las emociones: una sociedad sin dolor con ecos de “el mundo feliz” de Huxley o de “1984” de Orwell…

Pero el dolor existe. Y no se puede reprimir o esconder porque, al final, siempre sale. Y el final no sé si será una sociedad sin dolor pero sí ya es una sociedad anestesiada e infantilizada. Como las nuestras.

“Lo que sea, pero que no me duela” dicen los pacientes a menudo. Algo muy humano y comprensible. Y la sedación del dolor, en determinados situaciones, como en las enfermedades terminales, aún lo es más.  

La cuestión es cuando queremos erradicar el dolor siempre, en todo lugar y ocasión. Porque el dolor es un síntoma que nos avisa de algo. Y parece que se ha convertido en un objetivo en sí mismo, en una enfermedad a la que combatir.

Y entonces es cuando erramos el tiro. Pastillas y pastillas para cualquier dolor, para cortarlo de raíz, para que no duela. Para dolores grandes o pequeños. Bueno, primero son pequeños pero se van convirtiendo en grandes. Pastillas para dolores de espalda, de cabeza, de cualquier articulación o músculo, de cualquier órgano… hasta del alma.

Para cualquier afección o molestia. Porque “nosotros no podemos pararnos”. Y tampoco queremos oír la señal individual. O la señal colectiva de un malestar general (“el malestar de la cultura”, que diría Freud) que se va extendiendo lenta pero continuadamente.

Muchas de estas sustancias se han utilizado desde siempre. Seguramente desde que el hombre es hombre. Aunque en otros contextos, con otra consciencia. Y que ahora, en esta sociedad occidental infantilizada, ya no tenemos ni la suficiente fuerza, ni sabiduría, ni conocimiento, para usarlas con mesura.

Pastilla eficaces, sí, tan eficaces, tan buenas, que queremos más, no tenemos bastante. Nunca tendremos bastante. Pastillas que nos aturden y nos paralizan. Que nos dominan. Porque, como decía, no tenemos ya la fortaleza, ni el conocimiento, ni la sabiduría.

Y es entonces cuando el dolor se toma su revancha.

Los datos

  • Más de 66 millones de estadounidenses consumen fármacos para el dolor, de los cuales unos 11 millones abusarían de ese consumo.
  • Solo en 2017 murieron más de72.000 personas en EEUU por ello, lo que hizo que disminuyera la esperanza de vida de la población.
  • Desde 2015, las muertes por heroína ya han sobrepasado a las de los accidentes de coche o armas. La sobredosis de drogas es la principal causa de muerte entre los estadounidenses menores de 50 años y más de un 60% son causadas ahora por opioides.
  • Algunos economistas han estimado que, en 2015, el costo económico de la crisis de los opioides fue de  504.000 millones de dólares, o el 2,8% del PIB de EE.UU.
  • El desastre es de tal magnitud que el país declaró, hace un año, la emergencia nacional ante una de las mayores crisis de salud pública que se recuerdan, si exceptuamos la Covid.

Purdue Pharma, sobre todo, pero también Johnson & Johnson, Teva y otras farmacéuticas  han sido obligadas a pagar millonarias sumas de dinero a estados y condados estadounidenses.

Purdue fue acusada de una campaña agresiva de marketing que inundó de analgésicos las comunidades. Esta farmacéutica, que fabrica OxyContin (el fármaco que toma el Dr. House para el dolor) se declaró en bancarrota a raíz de toda esta problemática económica.

En este proceso salieron a relucir las prácticas poco éticas tanto de farmacéuticas como de profesionales que prescribían estos medicamentos con demasiada ligereza.

Fármacos

Heroína, morfina, fentanilo, metadona, buprenorfina, codeína, pentazocina, nalorfina, tramadol, oxicodona, hidrodona, propoxifeno, son los analgésicos opiáceos más utilizados.

Su acción se produce gracias a su interacción con los receptores opioides de las neuronas del propio sistema nervioso central.

El objetivo de estos fármacos era aliviar o anular el dolor en casos oncológicos, por ejemplo, cuando ya no se puede controlar de otra forma. Sin embargo, su uso se ha ido extendiendo de manera que se empieza tomando un opiáceo para un dolor agudo o crónico pero su efecto es tan adictivo que, al final, muchas personas lo tiene que buscar en la calle en forma de heroína o fentanilo (un fármaco 50 veces mas potente que la heroína).

La adicción

Entre los efectos secundarios de estos fármacos destacan:

  • estreñimiento,
  • náuseas,
  • somnolencia
  • confusión.

A largo plazo, suele aparecer tolerancia respecto de su acción terapéutica, o sea, que necesitamos más cantidad de fármaco para conseguir los mismos resultados, aunque el estreñimiento suele persistir.

Otros efectos adversos bastante habituales incluyen dificultad en la micción, sequedad bucal, mareos, sudoración, cefaleas, rigidez muscular, cambios de humor…

Pero el principal y más importante efecto secundario es, como se ha dicho, el riesgo de adicción.

Homeopatía y dolor

El dolor es una experiencia subjetiva y, como tal, puede ser muy diferente de una persona a otra. Y tal como dice nuestro amigo, el Dr. Torres, en otro de los posts sobre este tema “el dolor es lo que la persona que lo experimenta dice que es y existe siempre que la persona lo diga”( M Mc Caffery).

Lo que está muy claro es que esa percepción va muy ligada al mundo emocional de la persona. Lo de menos es si es el dolor crónico el que afecta al mundo emocional o son las emociones también las que nos “duelen” y, en toco caso, afectan a nuestro umbral de percepción del dolor. Lo que habría que entender es que es una cuestión global que existe y se retroalimenta por lo que un abordaje global sería lo más adecuado, el que considera el todo de la persona.

Estamos hablando de un método que tenga en cuenta la localización del dolor, cómo se manifiesta, sus sensaciones, sus síntomas concomitantes y, sobre todo, quién tiene ese dolor, quién es, qué circunstancias está atravesando y cómo reacciona a ellas. Sus esquemas o modelos de reaccionar.

Y con mínimos o ningún efecto secundario.

Un método como la homeopatía, por ejemplo.

Porque en homeopatía tenemos buenos medicamentos para el dolor considerados desde ese punto de vista integral.

Y, como médicos, entendemos perfectamente el “sobre todo, que no me duela, doctor” como algo muy humano y comprensible.

Pero si reflexionamos un tanto quizá podríamos empezar a decir “deje que me duela, doctor”

Al menos un poquito, añado. Y sentirnos más vivos.

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