Hablando de homeopatía

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¿Cómo afrontar la incertidumbre de la vuelta al cole?

Terminaron las vacaciones navideñas y es hora de volver al colegio y a la actividad laboral. ¿Cómo afrontar la incertidumbre de la vuelta al cole? En plena sexta ola y con una alta tasa de contagio, que no de enfermedad, es útil volver la mirada hacia algunas cuestiones que nos pueden hacer más vulnerables al contagio por virus en general.

Es interesante pensar en los medicamentos homeopáticos a la hora de tratar esos “coadyuvantes” que repercuten directamente en la inmunidad. El estrés, el clima, las tendencias a enfermar, las enfermedades de base, etc.

La persistencia de una alta tasa de contagios con lo que ello conlleva, a pesar de las vacunas y de las medidas higiénicas particulares y generales; fomenta en mayor o menor grado una relajación de los hábitos especialmente en la infancia y es importante no olvidar que el resto de enfermedades infantiles siguen ahí, esperando nuestra atención y prevención.

Demos una vuelta a algunos de estos factores predisponentes.

Inmunidad y estrés

Existe un consenso mundial generalizado sobre el efecto estresante que está teniendo la pandemia como enfermedad por un lado y su repercusión social, laboral y vital por otro, tanto en las personas que han padecido la infección por Sars-Covid2 como en aquellas que no se han visto afectadas directamente por ella.

Si bien es evidente que han debido interiorizarse por parte de la población medidas higiénico-sanitarias dictadas por las autoridades encaminadas a disminuir la transmisión del virus Covid; no es menos cierto que cada persona, adulto o niño, las ha asimilado según su propia estructura mental, dando lugar en algunos casos a distorsiones desmesuradas de la realidad.

El sensacionalismo imperante ya antes de la pandemia en los medios de comunicación y una gestión del problema muy diversa según cada país con medidas y mensajes en ocasiones contradictorios, no han sido elementos tranquilizadores de la población sino todo lo contrario.  

El miedo al contagio ha hecho aflorar en no pocos casos, trastornos mentales del tipo de la depresión, ansiedad, comportamientos obsesivos-compulsivos crisis de pánico, insomnio, etc.; que o bien estaban “dormidos” o han debutado en personas hasta ese momento aparentemente no las habían manifestado llevando a adoptar a los individuos actitudes hasta ahora inusuales.

La inseguridad laboral que ha propiciado el aislamiento en el domicilio unas veces y el confinamiento en otras durante períodos a los que estábamos poco acostumbrados, ha propiciado una incertidumbre personal prolongada e inquietante en el tiempo y que ha repercutido en mayor o menor medida en todos y cada uno de nosotros.

Estas situaciones tienen un nombre común que las define: ESTRÉS.

Los niños y niñas no son ajenos a lo que ocurre en su casa y en su entorno más próximo. Escuchan las noticias, asisten a los comentarios de sus preocupados progenitores con la boca abierta, ven limitada su interacción con otros similares y se ven obligados a llevar siempre una mascarilla y adoptar medidas como el lavado de manos o la distancia de seguridad hasta ahora bastante inéditas para muchos de ellos.

Si volvemos la vista a aquellos niños y jóvenes con discapacidad intelectual o trastornos del comportamiento, la sensación de que algo grave está ocurriendo es aún mayor. El hándicap que supone la merma de habilidades a la hora de gestionar la situación tanto en los discapacitados como en los que, aunque no lo son por su edad carecen de ellas, produce también estrés.

En los últimos años son numerosos los estudios que han analizado y estudiado especialmente la compleja relación entre la mente y uno de los sistemas más importantes para nuestra salud, el sistema inmunitario. Cada día más se conocen las interrelaciones bioquímicas entre el estrés, nuestro sistema nervioso y el sistema endocrino  

Nadie pone en duda hoy en día que, tanto las situaciones estresantes agudas como el estrés crónico, al que se puede llegar por muy distintas vías, supone una merma de la capacidad defensiva de nuestro organismo.

La forma en que el estrés afecta al sistema inmunitario depende del tipo de estrés y de su duración. Es decir, tanto el estrés agudo como el crónico modifican el trabajo del sistema inmunitario, pero de forma diferente.

  • En el estrés agudo: las defensas no específicas (nuestro sistema inmunitario innato) se refuerzan, pero las defensas específicas (sistema inmunitario adquirido) se reducen temporalmente.
  • En el estrés crónico: ambos tipos de defensas (inespecíficas y específicas) se ven afectadas.

Esta disminución de la capacidad defensiva de nuestro organismo, nos hace más vulnerables a las enfermedades infecciosas de nuestro entorno, algo que por supuesto también afecta a los niños.

Esta “bajada de defensas” que facilita el estrés, se ve reforzada por las situaciones diarias de asistencia al colegio, falta de uso continuado (y adecuado) de mascarillas y de mantenimiento de una distancia de seguridad.

A pesar de la increíble respuesta adaptativa de la población infantil a la nueva situación, en la práctica es imposible aislar en una burbuja a cada niño ni esperar de ellos una responsabilidad que muchos adultos no tienen. Por suerte el virus Covid 19 en sus distintas variantes suele discurrir de manera asintomática en casi todos ellos y son muy raros los casos en que la enfermedad tiene mayor trascendencia.

Inmunidad y estacionalidad

Ya he hecho referencia en algún artículo al carácter estacional de las infecciones víricas, las más numerosas en la infancia.

Las bajas temperaturas favorecen un enlentecimiento de los mecanismos de defensa a nivel de las mucosas respiratorias de las vías altas, nariz y faringe, lo que conlleva una mayor facilidad a la hora de colonizar y multiplicarse los virus respiratorios en esas vías de entrada. 

Son numerosos los virus que nos pueden contagiar a nivel respiratorio: rinovirus, adenovirus, herpes virus y otros muchos entre los que se encuentra la familia de los coronavirus. Esta última familia de virus que tradicionalmente afectaba solo a animales, fue descubierta en 1960 como productora de distintas enfermedades en el ser humano.

Existen distintos tipos de coronavirus que pueden producir en el organismo desde cuadros banales de resfriado, gripe o cuadros pseudogripales, hasta procesos que afectan a las vías respiratorias bajas produciendo neumonías en algunos casos como el Sars-Covid 2 de especial gravedad.

Por tanto, la climatología adversa en forma de frio y/o humedad, puede facilitar la entrada de los virus en nuestras vías respiratorias, tanto de virus de menor importancia como los rinovirus como de otros que pueden afectarnos de manera más seria como son Sars-Cov, Mers Cov y Sars-Cov2, los 3 pertenecientes a la familia coronavirus.

La última variante del Sars-Cov2, Ómicron, que probablemente no sea la última, resulta muy contagiosa y por lo tanto la infancia con sus peculiaridades de inmadurez inmunológica, descuido en las medidas barrera contra el virus y asistencia al colegio, es un terreno abonado para un fácil contagio de esta cepa que por suerte no ha resultado ser tan agresiva como las anteriores y muchísimo menos en la infancia y adolescencia.

Como puede colaborar la homeopatía en nuestra inmunidad

Tenemos entonces en el momento actual 3 factores a tener en cuenta:

  • Por un lado, la alta contagiosidad de esta última variante del coronavirus, que por otro lado no es la única ya que sigue estando presente la variante Delta, más agresiva y responsable de un nada desdeñable porcentaje de casos, aunque en la práctica no sepamos cual nos ha afectado o circula en nuestro entorno.
  • Por otro lado, el efecto que puede estar produciendo sobre nuestra inmunidad el estrés crónico producido por la prolongada situación de pandemia y que arrastra también a una mayor relajación en las medidas de protección individual.
  • Por último, los factores climáticos facilitadores del contagio, tanto por su acción directa sobre las mucosas como por una mayor permanencia en espacios cerrados con niveles de humedad y temperatura mayores.   

Como médico homeópata y convencional desde hace más de 30 años tengo el hábito de plantearme ante cada enfermo que podría hacer la homeopatía por mi paciente.

La experiencia me confirma que puedo prescribir medicamentos homeopáticos en el tratamiento del estrés más o menos crónico en sus distintas manifestaciones, en la prevención de los efectos de la climatología a la hora de facilitar el contagio y en aproximar la inmunidad de mi paciente al mejor nivel posible.

En varios artículos del blog se ha hecho referencia a los beneficios que pueden aportar los medicamentos homeopáticos en situaciones de miedo, ansiedad, depresión, insomnio, etc., ajustando el tratamiento a las características particulares del paciente.

AMBRA GRISEA, IGNATIA AMARA, NUX VOMICA, GELSEMIUM,ACIDUM PHOSPHORICUM, COFFEA, SILICEA o ARSENICUM ALBUM entre otros muchos, permiten después de una escucha atenta la elección personalizada y por tanto adaptada y eficaz de las consecuencias del estrés, tanto en niños como en adultos.

En aquellas personas en las que la exposición al frio, la humedad o las corrientes de aire supongan un proceso de vías altas de mayor o menor importancia o que tiendan a repetir estos problemas; medicamentos como PSORINUM, SULFUR IODATUM, TUBERCULINUM, SILICEA, DULCAMARA o HEPAR SULFUR entre otros, pueden suponer un antes y un después en la cronicidad.  

Por lo que hace a la inmunidad, en mis prescripciones no faltan medicamentos como ECHINACEA, ANAS BARBARIE, SULFUR o THUYA entre otros con el fin de optimizar en lo posible la capacidad inmunitaria de mi paciente en los casos como el que nos atañe, en que es muy conveniente contar con buenas defensas.  

Los animo a que conozcan los medicamentos homeopáticos para estas indicaciones, tanto para los adultos en general como para los niños y personas vulnerables en particular. Son medicamentos seguros, de venta exclusiva en farmacia, eficaces y útiles en cualquier edad o estado previo de salud. Los resultados hablaran por si solos. 

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